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Tecnología , Historia

Historias de Spectrum (I). "Al principio fueron 16K"

Publicado Daniel Viana 02 June 2017

Comenzamos aquí una serie de posts sobre la protohistoria de los ordenadores personales y los videojuegos: Historias de Spectrum. Hay que ser muy viejo y muy memoriado para poder relatar historias de aquellos tiempos sin incurrir en incoherencias narrativas, anacronismos o exageraciones propias de un niño de 6 años, pero vamos a intentar echar mano de un hipocampo que roza poderes elefantiásicos, la verdad.

La idea de volver la vista atrás surgió pareja a una enorme ilusión: recuperar para la vida útil mi ordenador Spectrum, jugar de nuevo a cientos de juegos mitificados en mi mente, pasar las horas muertas delante de la pantalla entre aromas electrónicos: el olor de los 80. Pero pronto esa emoción se derrumbó (bajo un estrepitoso sonido de error) cuando me enteré de que mi familia había regalado hace años el Spectrum con todos sus aderezos. Tardé meses en restablecerme, pero por fin consideré como una especie de terapia esto de intentar escribir sobre el mundo paralelo que el ZX Spectrum logró instaurar en el establishment hogareño español.

Una cuenta a plazo fijo en el Banco Hispano Americano

Era 1982, España celebraba un Mundial de Fútbol, los cines estrenaban Tron (la buena), y mis dos hermanos mayores hablaban y hablaban de un producto que estaba revolucionando la cultura del ocio. Se había dado un salto cualitativo con respecto a los familiares juegos de Atari, ¡los juegos de las máquinas de los salones recreativos ya tenían versión doméstica! Y sí, me costaba seguir los pasos de mis hermanos en El Corte Inglés cuando se lanzaban escopetados al punto de venta Sinclair. Y llegaban (yo detrás casi corriendo) a un concurrido lugar presidido por un pequeño ordenador con teclas de goma que parecía mucho más nítido que todo lo que le rodeaba.

"Era muy caro para nosotros", nos decía nuestro padre, y seguramente esa sentencia era, no sólo cierta, sino una buena enseñanza. Sin embargo, el hombre un día sorprendió a propios y a vecinos trayendo a casa un flamante Sinclair ZX Spectrum. Se lo habían dado al abrir una cuenta a plazo fijo en el desaparecido Banco Hispano Americano, y bueno, no tenía 48K como era de esperar... éste tenía 16K. A ver, si la memoria RAM de 48K ya era limitadilla, la de 16K rozaba la lobotomía operativa, pero vaya, yo tenía 6 años "para 7" y no me enteraba demasiado de la decepción de mis hermanos.

El olor a electrónica pura, los colores ultracatódicos y los enigmáticos beeep! a mí ya me resultaban sobrecogedores. El pack incluía algunos juegos muy básicos, entre los que destacaban "Batiscafo" y "El Muro" (una versión -1.0 del Arkanoid). Las carátulas de aquellas casettes (ya hablaremos del formato) prometían, respectivamente, historias alucinantes bajo el mar y espectaculares misiones contra estructuras galácticas. Ahora bien, la realidad era mucho más dura: esquemáticos escenarios, apenas unos pocos píxeles, colores planos y primarios... todo eso nos obligaba a echarle paladas de imaginación a la cosa; y sin embargo, en "El Muro" ya se atisbaba por ejemplo algo absolutamente genial: una versatilidad de movimientos increíble, ¡a ese pegotito de 4 píxeles se le podía imprimir hasta efecto! La adicción no había hecho más que empezar. Las calles y las plazas del barrio pronto dejarían de vernos por la tarde.

 

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Frame del superadictivo juego "El Muro".
 
 
 
Anuncio en prensa de la promoción del Banco Hispano Americano por la que regalaban un ZX Spectrum... 16K.
(Fuente: ABC).

 

 

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