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Creatividad , Tipografía

Pues, a pesar de todo, a mí me gusta la Comic Sans

Publicado Alfonso Cala 21 March 2016

Puede parecer un titular extraño, perverso, casi subversivo… pero a mi me gusta la Comic Sans. No es por su estética, ni por su elegancia, va más allá, es un concepto como mucho más global. Y voy a explicarlo.

La génesis del mal

Para empezar presentemos como es debido a nuestra protagonista. La Comic Sans fue una tipografía diseñada por Vincent Connare en 1994 para Microsoft. Su objetivo era convertirse en la tipografía por defecto de Microsoft Bob, una especie de interfaz de usuario amable y divertida que se convertiría en uno de los peores productos de la compañía de Bill Gates. Con papeles

 

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Via toastytech.com

 

Con ese anhelo de buenrollismo se diseñó una tipografía infantil y que estuviera inspirada en las letras de un comic, de ahí su nombre. 

De hecho tengo una teoría, creo que gran parte del éxito de la Comic Sans reside precisamente en su nombre. En los 90, cuando empezamos a habituarnos al uso de procesadores de texto, la gente redactaba sus documentos y al seleccionar la fuente veía ese nombre, Comic Sans, probaba la tipografía y esbozaba una sonrisa, efectivamente parecía el texto de los bocadillos de un comic… y acababa usándola. Pero si en vez de Comic Sans se hubiera llamado PT Sans o Lato Black probablemente nunca la hubieran probado. No les habría llamado la atención. Pensadlo, ¿qué opináis al respecto?

El caso es que, a pesar del batacazo de BOB, la Comic Sans empezó a formar parte de las familias tipográficas que Microsoft Windows incluía por defecto a partir de Windows 95 pasando a convertirse en una de las tipografías más populares y usadas. Supuestamente simpática y divertida, comenzó a usarse masivamente para todo tipo de escritos y esto fue el principio de su fin y cómo se gestó el haberse ganado el poco honroso título de tipografía más odiada. 

Como un pulpo en un tejado 

Comic Sans estaba pensada para una aplicación de corte infantil y para frases cortas, propia de los bocadillos de los comics. De hecho, parte de los protagonistas de aquel infausto BOB eran animales que te ayudaban a manejar el software: Rover, el perro amarillo, el loro Ruby, Will, un alter ego de Shakespeare o incluso la gárgola Baudelaire.

Y se comunicaban con el usuario a través de bocadillos escritos en Comic Sans. Puede ser más o menos estiloso, más o menos acertado el diseño pero el tono, el público al que iba dirigido y la aplicación de la fuente tenía sentido. En este contexto, claro. 

El problema surge cuando nuestra simpar tipografía es usada fuera del ámbito para la que fue creada. Comic Sans es una fuente humorística, dirigida a un público infantil e ideada para frases cortas por lo que cualquier uso que se salga de estos parámetros carece de sentido, resta credibilidad al mensaje o directamente es un WTF en toda regla.

El mundo en contra

Y este uso indiscriminado y fuera de su ámbito es el que ha perpetrado tales horrores estéticos que se ha generado en internet una corriente contra Comic Sans de proporciones ciclópeas. Basta con excavar un poco para llegar a multitud de viñetas y chanzas variadas sobre nuestra protagonista y hasta algún juego.

Existe una aplicación en la Chrome Store que te convierte todo el texto de tu navegador en Comic Sans, estudios sobre el verdadero coste de imprimir documentos en Comic Sans, otras tipografías de explícitos nombres, iniciativas y plataformas en su contra, webs que la consideran un crimen o directamente otras con una url muy descriptiva, Shouldiusecomicsans.com, y un contenido todavía más directo.

Es fea, reconozcámoslo

No es una tipografía elegante, armoniosa, sin duda no es la Helvética. Es inestable, inmadura, infantil, poco legible, especialmente para textos largos. A nivel estético y funcional no puedo decir que me guste la Comic Sans. Y no entiendo que la gente la use de manera indiscriminada.

Pero aún así me gusta

Porque, para empezar, nos ha dejado (y lo sigue haciendo a diario) momentos gloriosos como este:

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Via passiveaggressivenotes

Y porque, risión aparte, el hecho de que la gente lo use sin restricción alguna, da igual que sea para una fiesta de cumpleaños infantil, el balance económico de una empresa o una nota de suicidio, refuerza la posición de los profesionales del diseño, siempre tan denostados, entre los que me encuentro. 

La pertinencia del uso de una tipografía y su adecuada selección en base a la idoneidad, tono, estilo, público al que va dirigida la pieza; ya sea una web, un folleto o la memoria anual de una compañía, forma parte de nuestro día a día. Y se aplica no sólo con la Comic Sans sino con cualquiera. A veces es mejor usar una de palo seco, otras mejor una con serifa, etc. Y esto se aplica no sólo con la tipografía sino también para la selección de imágenes o ilustraciones, los colores, el formato de la pieza y mil cuestiones más que debemos tener presente en nuestro sector y que, el usuario de a pie, desconoce. Pero incluso ese usuario inexperto es capaz de reconocer una buena pieza cuando se la enseñan en comparación con una mal ideada que use Comic Sans. 

Por tanto, por mucho que la podamos odiar, me parece muy necesaria y, si la Comic Sans no existiera, habría que inventarla. Y rediseñarla de paso. 

 

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Via Daniella 

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